sábado, 20 de abril de 2019

La MSA del Norte de África

Seguimos la exposición de Will, Conard y Tryon, 2019.

Con una larga historia de investigación, más estrechamente asociada con los estudiosos francófonos desde principios del siglo XX (por ejemplo, Reygasse, 1919; Roche, 1953; pero vea McBurney, 1960). Un aumento en el interés, se deriva de investigaciones recientes que han proporcionado ricas secuencias arqueológicas en el área costera y en el interior del Magreb asociadas con un programa de datación centrada en el Ateriense (d'Errico et al, 2009; Dibble et al, 2012; Jacobs et al, 2012; El Hajraoui et al, 2012; Douka et al, 2014; Jacobs et al, 2017; Campmas, 2018), así como los primeros hallazgos fósiles atribuidos a H. sapiens (Hublin et al, 2017) asociados a una industria de la MSA inicial que se remonta hace ca 300 ka (Richter et al, 2017). Geográficamente, hay un fuerte sesgo de investigación en el Magreb, con muchos datos de secuencias de cuevas en la costa y el interior de Marruecos y Libia, así como en el Valle del Nilo (Scerri, 2017a). Más allá del Valle del Nilo, disponemos de multitud de yacimientos en superficie en el Sahara y el Sahel, pero con falta de definición estratigráfica, conservación orgánica y pocas dataciones (Wendorf y Schild, 1980; Dibble et al, 2013; Foley et al, 2013; Scerri, 2017a). La distribución temporal de los yacimientos, muestra un fuerte aumento en MIS 5, asociado con mayores densidades de hallazgos, similar al registro del sur de África. Otras similitudes son la aparición de implementos líticos "de diagnóstico" y la evidencia de la regionalización con múltiples tecnocomplejos, en particular en el Pleistoceno Tardío (p. ej., el ateriense; Barton y d'Errico, 2012; Dibble et al, 2013; Scerri, 2013a; 2013b; Campmas, 2018).
La falta de un esquema estratigráfico cultural supra-regional puede deberse a la escasez de secuencias largas, así como a un mosaico de yacimientos que se estudiaron hace mucho tiempo y dispersos espacialmente sin edades cronométricas (Scerri 2017a).
De forma ​​similar al registro del sur de África, el norte muestra algunas pruebas de comportamientos complejos y cognición avanzada al final del Pleistoceno Medio Tardío a lo largo de MIS 7-6. El inicio del Pleistoceno Tardío, ofrece más yacimientos y mayores densidades de localización, especialmente en MIS 5. El registro del Pleistoceno Tardío se caracteriza por una combinación de rasgos que aparecen de forma discontinua (por ejemplo, cuentas de concha, herramientas óseas y ocre se encuentran principalmente o exclusivamente en MIS 5) y otros que permanecen (p. ej., piezas con vástago, enmangamientos, forrajeo costero). Muchos elementos no líticos y simbólicos de la cultura material parecen desvanecerse o están ausentes en MIS 4, y en los primeros MIS 3 en particular, aunque esto podría ser el resultado de desafíos climáticos y menos yacimientos conocidos. El norte de África se vio fuertemente afectado por la variación climática, en particular la extensión y contracción del Sahara: las mejoras climáticas dentro de MIS 5 ("Sahara verde"; Drake et al, 2011; Blome et al, 2012) son períodos clave para las ocupaciones del norte de África, especialmente para ocupaciones costeras. La pérdida potencial de muchas innovaciones en el ámbito no utilitario con el inicio de MIS 4 podría deberse al estrés ambiental, asociado a colapsos demográficos o contracciones que llevaron a una interrupción de los contactos y redes de intercambio entre poblaciones (Wendorf et al, 1993; d 'Errico et al, 2009; Garcea, 2010; Barton y d'Errico 2012; Linstädter et al, 2012).
  • MIS 6 o antes.
    • Los conjuntos líticos presentan pocas puntas bifaciales (Van Peer et al, 2003; Dibble et al, 2013) pero no hay producción de piezas pequeñas con cara pasiva.
    • Hay evidencia de enmangamiento en el Pleistoceno Medio Tardío en la Isla Sai (Rots y Van Peer, 2006; Rots et al, 2011).
    • El transporte de materia prima a larga distancia es prácticamente desconocido.
    • El yacimiento de la isla Sai muestra el uso de pigmentos amarillo y rojo entre ca 223-152 ka (Van Peer et al, 2003).
    • Existe evidencia igualmente aislada de recolección de mariscos marinos en Benzú Rockshelter (Ramos et al, 2008; Ramos-Muñoz et al, 2016).
  • MIS 5-3.
    • Cambios notables en los conjuntos líticos, con una estructura geográfica ampliada y marcadores más evidentes en forma de herramientas pedunculadas, pequeños puntas bifaciales foliares y núcleos nubios.
  • MIS 5
    • En muchos yacimientos están presentes herramientas con vástago y pequeñas puntas bifaciales foliares (Van Peer y Vermeersch, 2007; Rots et al, 2011; Barton y d'Errico, 2012; Linstädter et al, 2012; Dibble et al, 2013; Scerri 2013a ; Scerri 2017a). Algunas de estas piezas fueron producidas potencialmente por martillos de hueso (Rots et al, 2011) y descamación a presión (Scerri 2017a). Mayor uso y métodos más elaborados de enmangamiento (Rots et al, 2011; Tomasso y Rots, 2017), asociado a una mayor frecuencia de piezas con vástago, adelgazadas en la base y ahombradas (por ejemplo, Bouzouggar y Barton, 2012; Scerri 2013b) y evidencia potencial de un uso de resinas (Van Peer et al. 2008). 
    • Evidencia del transporte a larga distancia de materias primas (Entre 20-200 km; Van Peer y Vermeersch, 2007; Nami y Moser, 2010; Scerri 2017a; Campmas 2018) y para la primera cantera de chert (Vermeersch et al, 1997; Vermeersch 2002; Van Peer et al, 2010). 
    • Artefactos simbólicos y de hueso, asociados frecuentemente con industrias Aterienses. En los yacimientos de El Harhoura 2, El Mnasra y Haua Fteah se recuperaron en pequeña cantidad varios tipos de herramientas óseas (Barker et al, 2012; El Hajraoui y Debénath, 2012; Stoetzel et al, 2014; Campmas, 2018). 
    • En nueve yacimientos, son particularmente abundantes las conchas marinas perforadas usadas como ornamento, con preferencia por el uso de conchas de Nassarius (ca 110-> 70 ka; Bouzouggar et al, 2007; d'Errico et al, 2009; Nami y Moser 2010; Barton y d'Errico, 2012; Dibble et al, 2012; Stoetzel et al, 2014). Estas conchas se trasportaban hacia el interior a una distancia máxima de ca 200 km (Vanhaeren et al, 2006).
    • En varios yacimientos se constata el uso de pigmentos, a veces en conchas perforadas, pero sin diseños abstractos (Nami y Moser, 2010; Barton y d'Errico, 2012; El Hajraoui et al, 2012; Campmas, 2018). 
    • La región del Magreb ha proporcionado una buena evidencia de adaptaciones costeras, incluida la ocupación sistemática de las costas y la explotación planificada de mariscos, con algunos restos raros de peces, mamíferos marinos y aves costeras (Steele y Alvarez-Fernández, 2011; Dibble et al, 2012; Steele, 2012; Stoetzel et al, 2014; Campmas et al, 2016; Will et al, 2016; Campmas, 2018). 
  • MIS 4.
    • Aumento de la aridez y menor número de yacimientos arqueológicos.
    • Tecnología bifacial con puntas pedunculadas y enmangamientos (p. ej., Rots et al, 2011; Dibble et al, 2013; Tomasso y Rots, 2017) y existe evidencia de la producción más temprana de cuchillas y ocasionales piezas con cara pasiva (Van Peer y Vermeersch, 2007; Van Peer et al, 2010; Garcea, 2010; Scerri, 2017a). 
    • Continúa la extracción de chert en Egipto y el transporte ocasional a larga distancia de materias primas (Vermeersch, 2002). 
    • Está ausente el uso de colorantes y la producción de herramientas de hueso y cuentas de concha está ausente.
    • El número de asentamientos costeros es menor, tal vez debido a fluctuaciones en la línea de costa, pero su presencia indica el carácter duradero de la explotación de diversos recursos marinos (por ejemplo, Will et al, 2016; Campmas, 2018). 
  • MIS 3.
    • Producción de tecnología bifacial y de vástago (p. ej., Dibble et al, 2013), a veces en asociación con métodos elaborados de enmangamiento (Rots et al, 2011), así como un aumento de la producción de cuchillas con métodos volumétricos. y pequeñas piezas con cara pasiva en algunos yacimientos (Van Peer y Vermeersch, 2007; Van Peer et al, 2010). 
    • Intensificación de las actividades de extracción de chert (Vermeersch, 2002; Van Peer et al, 2010). 
    • Están ausentes elementos culturales no líticos.
    • Las adaptaciones costeras se conservan solo en un puñado de yacimientos en el norte de África (Steele y Alvarez-Fernández, 2011; Stoetzel et al, 2014; Campmas et al, 2015).
Los investigadores han clasificado las industrias bajo multitud de nombres (por ejemplo, Levallois, Musteriense, Denticulado Musteriense, Nubia Musteriense Tipo A, Nubia Musteriense tipo B, Nubia Paleolítico Medio, Khormusan, etc ). Van Peer y Vermeersch (2000, 2007) agruparon estos taxones en tres etapas cronológicas (PM Temprano, Medio y Tardío) que abarcan dos tecnocomplejos diferentes, basados ​​principalmente en las variaciones en el método Levallois (Van Peer , 1988, 1992).

Fig 1.  Schematic depiction of the three Nubian core types following [58].
Distinción esquemática de los diferentes métodos de reducción típicos del Complejo Nubio

Complejo Nubio. 

  • El método Nubio Tipo 1 es una variante de punta Levallois que se distingue por dos escamas preparatorias alargadas retiradas desde el extremo distal del núcleo. Estos núcleos son frecuentes en el norte, en el valle del Nilo y hacia el este, en algunas partes de la Península Arábiga (Rose et al, 2011; Van Peer 19921998), lo supone una de las evidencias arqueológicas más fuertes de conexión entre África y Arabia en el Pleistoceno Superior (pero Manuel Will, Alex Mackay y Natasha Phillips, 2015)
  • Los núcleos del Tipo 2 exhiben una preparación lateral-distal para formar la punta afilada.
  • El tipo 1/2 implica una combinación de preparaciones distal y lateral.
  • Usik et al (2013) han argumentado que la distinción entre los tipos 1 y 2 son irrelevantes dentro de un mismo continuo.
  • Las expediciones dirigidas por F. Wendorf a partir de 1962, hallaron muchos conjuntos en superficie dispersos por el Alto Egipto y Sudán. En 1965, Guichards informó acerca de muchos conjuntos no estratificados con núcleos, raspadores gruesos y foliados bifaciales en la zona que más tarde sería inundada por la presa de Asuán.
  • 130‐37 ka.
  • Su origen se encuentra en el valle del Nilo.
  • Los primeros yacimientos aparecen con núcleos‐bifaz y puntas lanceoladas cercanas al Lupembiense (hasta principios de MIS5).
  • Complejo Nubio pleno (80 ka BP): típicos los núcleos Levallois, sobre todo de puntas Levallois alargadas, denominadas de tipo nubio, y piezas con truncatura.

Complejo del Valle del Bajo Nilo

Caracterizado exclusivamente por la reducción Levallois centrípeta.

Ateriense

Esta tecnología del MSA aparece en el Norte de África, hasta el lago Chad y Níger, datada en 145-40 ka. Su nombre proviene del yacimiento de Bir el Ater.
Se ha caracterizado por la punta de piedra en forma de hoja con un pedúnculo en su base, por el que habría estado fijada a un astil de madera. Se asociaba a la caza a distancia en ambientes secos y abiertos, donde eran necesarias lanzas ligeras.
Pero esta interpretación dista de ser unánime. Por un lado, las herramientas pedunculadas son frecuentes en otros tecnocomplejos no aterienses y por otro, según estudios de microdesgaste, es más probable que se utilizasen como raspadores o cuchillos que como armas (Iovita, 2011; Bouzouggar y Barton, 2012).
Por ello, las herramientas pedunculadas no pueden ser el único criterio para la definición de los tecnocomplejos aterienses y ha de recurrirse a la comparación cuantificada de características diversas (Eleanor M. L. Scerri, 2013).
  • Tipos Levallois.
  • En los momentos finales se producen piezas típicas del Paleolítico Superior por métodos laminares a partir de núcleos prismáticos con un importante componente tipo Paleolítico Superior. 
  • Características piezas pedunculadas en raspadores, puntas, etc, pero también en piezas no retocadas (facilitar enmangue) y piezas foliáceas (útiles sobre lasca o sobre hoja retocadas bifacialmente, generalmente empleadas como cuchillo o raederas).
  • Materias primas variadas y de origen lejano (>20 km), así como madera y hueso (Bouzouggar et al, 2018).
Patrones regionales en el MSA del Norte de África. Eleanor M.L. Scerri (2013)
El ateriense es una tecnología flexible (Enza E. Spinapolice y Elena A. A. Garcea, 2014; Campmas et al, 2016) en respuesta a las oscilaciones climáticas, preocupada por la fiabilidad de las herramientas y que utiliza diversas formas de manufactura. Los grupos aterienses son generalistas flexibles en un paisaje incierto. Mas que representar una tradición, se trata de poblaciones de pequeño tamaño en entornos medioambientales similares que alcanzaron tecnologías convergentes gracias a las presiones selectivas ejercidas por la escasez de recursos.

Para Clive Finlayson (2010), el ateriense está asociado a una primera expansión del sapiens moderno desde Etiopía al noroeste de África, hasta el Atlántico y por el este hasta la India.

La mayoría de los yacimientos aterienses están asociados con la mejora climática del MIS 5. Jacobs et al (2012) dividen el ateriense en dos fases:
  1. Ateriense temprano (MIS 6-5b)
  2. Ateriense tardío (MIS 5a-4).
Al igual que el complejo nubio, con el que comparte varias características, el ateriense ha sido asociado con el tecnocomplejo Lunpembiense subsahariano.
Antes del ateriense aparecen conjuntos del MSA musteriense como Ifri n'Ammar, Contrabandistas y Dar es Soltan.
Tras el ateriense, los conjuntos corresponden a un MSA musteriense tardío (El Harhoura 2, Dar es Soltan I).

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