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sábado, 20 de abril de 2019

La MSA de África Central y Occidental

Seguimos a Will, Conard y Tryon, 2019.

En contraste con el resto de África, la región ha recibido mucha menos atención académica y sigue siendo desconocida. Aunque la investigación comenzó a principios del XX (por ejemplo, Colette, 1929; Wayland, 1929; Breuil et al, 1944), los ambientes predominantes de selva tropical y con sedimentos ácidos, la erosión del suelo y la casi ausencia de cuevas, suponen serveros retos al descubrimiento de yacimientos y preservación de material arqueológico orgánico. Muchos países de esta región tienen una larga historia de inestabilidad política e infraestructuras difíciles con barreras logísticas y naturales (Taylor, 2014; Cornelissen, 2016; Taylor, 2016; Scerri, 2017b). El registro conocido consta de muchos yacimientos al aire libre, muchos de los cuales se han alterado postdeposicionalmente por procesos biogénicos que conducen a trastornos a gran escala que producen una baja integridad estratigráfica y cultural (Cahen y Moyerson, 1977; Allsworth-Jones, 1987; Cornelissen, 2002; Mercader, 2002; Casey, 2002; Taylor, 2011; 2014; Chevrier et al, 2018). Por lo tanto, no sorprende que haya pocos sitios fechados y pocas edades más allá de los 40 ka. 
Se han realizado importantes trabajos en los márgenes de África Central (por ejemplo, Twin Rivers, Kalambo Falls; Clark, 1963, 2001; Barham, 2000, 2002a; Barham, et al 2015) y el Valle de Semliki (Yellen et al, 1995). En África Occidental, Senegal y Mali han recibido atención renovada y trabajo de campo asociado con programas de datación cronométrica (por ejemplo, Chevrier et al, 2016; Scerri et al, 2017; Chevrier et al, 2018).
Debido a la rareza de yacimientos bien estratificados y fechados de manera segura, casi no hay evidencia de la estructura espacio-temporal del registro. La edad y la relación de las entidades arqueológicas principales en África Central, Sangoan, Lupemban y Tshitolian, siguen siendo objeto de debate (por ejemplo, McBrearty, 1988, 1992; Clark, 2001; Barham, 2000, 2002a; Taylor, 2011, 2016; Cornelissen, 2016). En África Occidental, la secuencia (por ejemplo, Casey, 2002; Taylor, 2016; Scerri, 2017b; Chevrier et al, 2018), muestra una larga duración de la MSA desde el final del Pleistoceno Medio hasta el Pleistoceno Tardío / Holoceno (MIS 2/1), que persiste junto con los ensamblajes de LSA de igual edad (p. Ej., En Senegal hasta ca 12 ka; Chevrier et al, 2016; Scerri et al, 2017). Los yacimientos bien estudiados en Senegal, producen una señal temporal de alta variabilidad con respecto a la reducción de núcleos y los conjuntos de herramientas con tasas de cambio rápidas, y un mosaico local que carece de continuidad a largo plazo (Robert et al, 2003; Scerri, 2017b; Chevrier et al, 2018).
Las especulaciones sobre los patrones de complejidad del comportamiento en África Central y Occidental se ven gravemente obstaculizadas por la baja resolución espacio-temporal del registro, que requiere secuencias estratigráficas más intactas y fiables favorables para la conservación orgánica (por ejemplo, Taylor 2011, 2016; Scerri, 2017b). La evidencia disponible de África Central apunta a la estabilidad y continuidad a largo plazo de la tecnología desde antes de MIS 6 hasta MIS 3, a pesar de la variabilidad del clima (Barham, 2000; Mercader, 2002; Taylor, 2011, 2016). Esta región presenta evidencias tempranas del uso de pigmentos, tecnologías líticas sofisticadas (p. ej., piezas con cara pasiva; puntas bifaciales) y adaptaciones a entornos de selva tropical que ya se encuentran en MIS 8-6. Algunos de estos elementos persisten o aparecen hasta principios de MIS 5, o incluso hasta finales de MIS 5, como es el caso de las excepcionales puntas de púas de Katanda, aunque no en MIS 4-3. La cultura material no lítica está virtualmente ausente para 200-30 ka en África Occidental, con poca información sobre patrones de subsistencia o restos orgánicos. Sin embargo, a diferencia de África Central, la tecnología lítica muestra más variabilidad en el tiempo con mayores tasas de cambio y discontinuidad durante el Pleistoceno Tardío (p. ej., piezas bifaciales), particularmente en el Sahel, una posible respuesta a repetidos cambios en los hábitats locales. También existe una persistencia tardía de la tecnología MSA hasta el inicio del Holoceno y evidencia de diferencias espaciales en la tecnología lítica entre regiones áridas y más boscosas (por ejemplo, Scerri 2017b; Chevrier et al, 2018). Estos patrones divergentes podrían resultar del sesgo de investigación, la mala conservación orgánica y la escasez de yacimientos estratificados en cualquiera de las regiones. África Central y Occidental aún tienen un vasto potencial sin explotar, pero hasta ahora solo han arrojado atisbos de comportamientos avanzados y cultura material compleja.
  • MIS 6.
    • Grandes puntas bifaciales lanceoladas talladas finamente y pequeñas piezas con cara pasiva en un contexto Lupembiense (edades más tempranas ca 270-170 ka en Twin Rivers y Kalambo Falls, por ejemplo, Barham, 2000; Clark, 2001; Barham, 2002a), pero no en África Occidental. 
    • Evidencias de uso de ocre en Twin Rivers (especularita; Barham, 2000, 2002b; Watts, 2009) y en el posterior Lupembiense en Kalambo Falls (Clark 2001).
    • Las herramientas lumpembienses son adecuadas para unirlas a mangos como parte de armas o hachas pesadas ​​(Clark, 1959; Barham, 2001; 2002a; Taylor, 2011; 2016), sin embargo, la evidencia directa de los análisis de uso de medios líticos ha provenido únicamente de implementos similares en África nororiental (Rots et al, 2011; también Taylor, 2011; 2014). 
    • No hay datos disponibles sobre el transporte a larga distancia de materias primas ni hallazgos de otros elementos de la cultura material no lítica.
  • MIS 5.
    • Herramientas con cara pasiva en Mumbwa Caves (MIS 5e; Barham, 2000), pero sin evidencias de estandarización o preferencia de materias primas no locales para estas piezas (Barham 2002a). Debido a la escasez de yacimientros, no se conoce ninguna tecnología bifacial.
    • El transporte a larga distancia de herramientas de piedra es raro pero está documentado en Mumbwa Cave, cerca de los límites de la región, hasta 200 km durante el MIS 5e (Barham 1995, 2000) y desde los niveles de Ateriense sin fecha en Adrar Bous, Níger (Clark et al, 2008). 
    • En las cuevas Mumbwa en África Central (Barham, 1995, 2000) se han recuperado grandes bloques de hematita con trazas antropogénicas.
    • Un hallazgo único y excepcional datado en el MIS 5 Tardío, son los arpones de púas cuidadosamente trabajados de Katanda ca 80-70 ka; Yellen, et al 1995; Feathers y Migliorini, 2001). Además, un fragmento de un hueso pulido puntiagudo en Mumbwa (MIS 5e; Barham, 1995, 2000) y otro en Broken Hill  (Kabwe; Barham et al, 2002).
    • Hay evidencia de la pesca en agua dulce en Katanda en el MIS 5a, y las adaptaciones fluviales continúan en otros sitios de la región hasta el LSA (Brooks et al, 1995; Yellen, 1998). La evidencia de adaptaciones costeras es casi desconocida para MIS 5-3 en África Central y Occidental, probablemente asociada con problemas de preservación y poca investigación a lo largo de las costas (aunque las ocupaciones en la ecozona costera de África Occidental son conocidas en la mitad de MIS 3 en ca 44 ka; Niang et al, 2018). Debido a la escasa preservación de la fauna y la falta de control sobre el origen antropogénico del material zooarqueológico (por ejemplo, Taylor 2014; Chevrier et al, 2018), se sabe poco acerca de las estrategias de caza durante el Pleistoceno Tardío en África Occidental y Central.
  • MIS 4.
    • Continúa la presencia de puntas lanceoladas bifaciales en África Central. En África Occidental se conocen otros tipos de puntas foliares bifaciales, pero solo en intervalos durante MIS 4-3 (Scerri, 2017b; Chevrier et al, 2018). En África Occidental, no hay evidencia de piezas con cara pasiva en el MSA, ya que solo aparecen durante el MIS 2 asociadas con las industrias LSA (Scerri, 2017b; Chevrier et al, 2018). 
    • No hay datos disponibles sobre el transporte lítico a distancia, el uso de ocre o la fabricación de artefactos de hueso.
  • MIS 3.
    • Presenta la persistencia tardía de puntas lanceoladas que posiblemente indican la continuidad a largo plazo de esta tecnología, y puntas bifaciales con vástago cuidadosamente conformado del Tshitoliense pueden pertenecer también a este intervalo (por ejemplo, Cornelissen, 2002). Hacia el final del periodo, vuelven a aparecer en África Central pequeñas piezas con cara pasiva
    • Los restos culturales no líticos son escasos o inexistentes. La única evidencia disponible se deriva de grandes bloques de hematita con trazas antropogénicas de Mumbwa durante la mitad de MIS 3 (ca 40 ka; Barham, 1995, 2000).
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