jueves, 25 de febrero de 2016

Los bifaces achelenses, ¿resultado del instinto o del aprendizaje?

Hachas de mano de Boxgrove, de hace ca 500 ka. Miden entre 12-15 cm. W. Roebroeks.
Los bifaces achelenses introducen un elemento que debemos examinar con mucha atención: se trata de objetos de una belleza indudable. Son hachas de mano de una simetría sorprendente si atendemos a su edad y cuya elaboración cuidadosa parece reflejar un propósito estético, sin dejar de mantener su filo y su eficacia para cortar. Los bifaces más antiguos se han datado en ca 1,76 Ma y los más recientes entre 300-200 ka. Han aparecido a lo largo de millones de kilómetros cuadrados, cubriendo múltiples regiones ecológicas y cientos de miles de generaciones y se atribuyen a dos grados diferentes, erectus heidelbergensis y a Homo rhodesiensis.

La medida en que la simetría de los bifaces achelenses puede aclarar cuestiones relativas a la evolución cognitiva ha sido motivo de controversia (Derek Hodgson, 2015Corbey et al, 2016). En Boxgrove, se utilizaron martillos blandos para dar forma a las herramientas (Wenban-Smith, 1999), lo que sugiere un nivel de aprendizaje prolongado y una considerable habilidad que recluta a áreas particulares del cerebro anterior (Stout et al, 2006; Stout, 2011; Stout et al, 2015).

¿Constituyen una categoría precisa y útil?

Hay acuerdo generalizado en considerar los bifaces como un tipo a pesar de las diferencias en forma, tamaño y materia prima (Para la variabilidad, Machin, 2009). Por el contrario, Nicoud (2013) considera que se trata de una agrupación artificial sobre la base de similitudes morfológicas y tecnológicas superficiales.

Para John McNabb y James Cole (2015), la clave para entender la cultura material achelense es la variabilidad y la simetría y refinamiento en hachas de mano es probable que sean características locales.
  • Shipton (2013) encontró incrementos en el tamaño del cerebro de los Homo al principio y el final del achelense, precisamente, cuando se produjeron cambios importantes en el refinamiento y la tipología de las herramientas vinculados a un control motor fino mejorado. Si la simetría no aparece en todos los conjuntos, puede deberse, por ejemplo, a fluctuaciones en los niveles de las poblaciones. 

Su simetría y belleza, ¿fue buscada intencionadamente por los autores?

Goren-Inbar y Sharon (1999, 2006), Klein (2000), Wynn (2002), Stout (2011), Shipton (2013) y otros, sostienen que la simetría de los bifaces es importante para entender el comportamiento humano. Varios estudios han demostrado la preferencia por la simetría en los conjuntos achelenses (por ejemplo Saragusti et al, 2005; Grosman et al, 2008; Couzens, 2012, Beyene et al, 2013 o Beyene, 2013) y una tendencia a lo largo del tiempo hacia bifaces más simétricos, delgados y estandarizados (Goren-Inbar y Sharon, 1999, 2006); Klein, 2000; Couzens, 2012; Shipton et al, 2013; Sahnouni et al, 2013). Las conductas necesarias para su fabricación se han copiado de otros individuos y, por tanto, son objetos culturales (Mithen, 1994).
Por el contrario, McPherron (2009) y McNabb (2013), entre otros, consideran que la simetría puede ser explicada por las limitaciones funcionales o sostienen que no existe una tendencia apreciable hacia herramientas simétricas o refinadas.
  • Foley (1987) y Richerson y Boyd (2005) señalan que el aprendizaje cultural en grupos pequeños, relativamente aislados, debería haber dado lugar a tradiciones rápidamente divergentes en lugar de a la desconcertante estabilidad geográfica y temporal exhibida por el hacha de mano achelense. Sugieren que este conservadurismo puede ser una prueba de transmisión genética.
    • La objeción más obvia a este argumento es que ignora la posibilidad de que la estabilidad en la forma estuviese ligada a una función específica. 
    • Enquist y Arak (1994) sostienen que la preferencia por la simetría aparece, en términos filogenéticos, como un subproducto de la necesidad de reconocer objetos al margen de su posición respecto del campo visual; existe una tendencia, fijada durante el proceso evolutivo, hacia la elección de formas simétricas. Los bifaces podrían ser una primera manifestación de esa tendencia hacia la simetría lateral.
  • Para Washburn y Lancaster (1968) un mejor comportamiento aerodinámico que permitiese alcanzar a distancia las presas explicaría por sí sola la forma simétrica. Añaden que la capacidad de apreciar el producto debió evolucionar junto con la competencia en la manufactura y el uso, hasta que el útil simétrico se convierte en un símbolo, más allá de la simple herramienta. Esta hipótesis es completamente especulativa y sin el menor soporte empírico.

¿Tenían una utilidad práctica o eran objetos simbólicos?

¿Qué distingue un objeto simbólico? Los objetos que no tienen utilidad directa alguna pueden ser considerados como simbólicos. Pero esta definición tiene puntos débiles. A menudo no resulta fácil saber cuál es la función de un objeto.

Para algunos, su función es meramente práctica (herramienta de corte o arma). Otros apuntan a una función social o simbólica.
Según la hiótesis del bifaz sexy (Kohn y Mithen, 1999) dedicar tiempo y energía a un utensilio delicadamente simétrico supuso un hándicap para su creador. Siguiendo el principio del hándicap (Zahavi, 1997) su producción habría sido un indicio claro de que el macho poseía buena salud genética y fisica, cualidades que cualquier madre desearía para sus hijos. Por otra parte, los machos estarían aprovechando una preferencia de las hembras por la simetría. Si esta hipótesis es correcta, la mayoría de los bifaces serían construidos por machos.
  • Esta hipótesis explica la abundancia de bifaces en el registro arqueológico, muchos de ellos sin rastros de haber sido utilizados y algunos de un gran tamaño, demasiado grande para su uso real (Hodgson, 2008).
Mimi Lam (2013) ha propuesto que los bifaces pudieron haber sido objeto de comercio y seña de distinción social entre los grupos humanos gracias a su durabilidad, utilidad y estandarización del diseño. La investigadora distingue tres fases en el tiempo para la construcción de los bifaces: una primera fase en la que el bifaz se contextualiza como elemento práctico multifuncional, una segunda fase en la que la producciónn del bifaz estaba estandarizada y configurada para convertirse en objeto de intercambio de productos básicos en las redes sociales y asumir un significado simbólico, y una tercera fase en la que se convierte en un símbolo de poder cultural y objeto de intercambio como regalos entre distintos clanes. Pope et al (2006) sugieren que los bifaces fueron utilizados como una marca visual del territorio y Thorsten Uthmeier (2016) como marcadores de identidad social.

Línea Movius. Romanowska et al, 2016.
Hasta la fecha, la posibilidad de que los bifaces y otras herramientas de corte achelenses tuviesen un origen genético no ha sido considerada seriamente por los arqueólogos. Raymond Corbey, Adam Jagich, Krist Vaesen y Mark Collard, revisan algunas líneas de evidencia en favor de esta hipótesis y en contra de la transmisión cultural.
  • A lo largo de casi 1,5 Ma, un error de copia de un 3% -5%, esperable en la transmisión cultural, habría producido un considerable variación en formas y tamaños. Por otra parte, la influencia de diferentes ambientes ecológicos debería de haber producido también variaciones en la transmisión cultural.
  • Los bifaces se dejaron de fabricar hace 300-200 ka dejando paso a cambios relativamente rápidos en las tecnologías líticas. Este marcado aumento en la velocidad de cambio se ha intentado explicar mediante hipótesis poco convincentes:
      • Un cambio cognitivo heredable que permitió acervos culturales más complejos.
      • Un mayor tamaño de la población.
    • Una hipótesis prometedora liga el tempo de la evolución cultural con los mecanismos de atención, percepción y motivación desarrollados durante la ontogenia gracias por ejemplo a la aparición de nuevos tipos de organización social que favoreciesen el contacto entre maestros y discípulos. Aumentaría entonces la importancia del aprendizaje cultural en relación al determinismo genético (Heyes, 2012).
  • Movius (1948) señaló que se habían hallado bifaces en el este y el sudeste de Asia, pero recientemente han aparecido en varios lugares de China, a unos 1.500 km al nordeste de la línea Movius. Pero, ¿cómo se transmitieron culturalmente estos comportamientos?: Una posibilidad es que los Homo chinos mantuviesen contactos con grupos del Oeste productores de bifaces. La otra es que transmitiesen el conocimiento aunque no produjesen los bifraces durante muchas generaciones. Ninguno de los dos escenarios parece probable. Por el contrario, el control genético sí explicaría la fabricación de bifaces en el momento en que estuvo disponible una materia prima de suficiente calidad. Otra explicación menos parsimoniosa, es la evolución convergente.
  • Poniendo a prueba las predicciones de la teoría neutral  de la evolución en relación a los cambios en la simetría, Lycett (2008) sostiene que la variabilidad disminuye con la distancia desde África de una manera que es incompatible con efecto fundador iterativo. Sobre esta base, sostiene que los aspectos de la simetría estaban sujetos a fuerzas selectivas y menciona la posibilidad de que la genética influyera en el diseño de los bifaces.
  • Los humanos podemos medir las intenciones y sentimientos y copiar y predecir las acciones de los demás gracias a las neuronas espejo. Estudios recientes han comenzado a vincular las neuronas espejo con una pre-programación genética específica. Del Giudice, Manera, y Keysers (2008) sostienen que es razonable esperar que una habilidad crucial para la supervivencia como el reconocimiento de la acción y el aprendizaje mediante la observación se convirtiera en innata durante la historia filogenética.
  • Los circuitos neuronales responsables de la producción del lenguaje se solapan considerablemente con áreas que controlan la manipulación y está bajo fuerte control genético. Stout et al (2008; 2009) sostienen que tanto la fabricación de herramientas como el habla están soportadas por capacidades humanas para una actuación compleja dirigida a objetivos y coevolucionaron a la vez que la lateralización funcional y la expansión de la corteza de asociación.
  • La producción de bifaces puede compararse con algunos comportamientos de los pájaros (canto, uso de herramientas, construcción de nidos), sometidos a un sustancial control genético. Cuando los animales no humanos muestran un comportamiento complejo, el supuesto por defecto es que está bajo control genético. Para un comportamiento complejo en humanos y otros homínidos. Para los Homo, sin embargo, la posición por defecto es invocar la cultura y no los genes.
  • Es posible que estemos ante la presencia de resultado debido al efecto Baldwin (Sterelny, 2004; Weber y Depew, editores, 2003): Respuestas aprendidas a los estímulos ambientales pueden ser sustituidas por comportamientos controlados genéticamente que se producen con poco o ningún aprendizaje como resultado de la presión de selección sobre las capacidades técnicas de la especie. La acumulación de modificaciones genéticas en la dirección marcada por la tecnología lítica pudo haberse traducido en un comportamiento innato.
El Achelense